Nunca hay un problema si conoces el por qué. Por eso a veces hay que buscar una respuesta, sobre todo si te enfrentas a las cicatrices de guerra que la vida deja en algunas almas y que les impiden vivir.
Porque vivir no es sólo vivir. No es sobrevivir, vivir es otra cosa. Es sentir la vida. Es regalar al instante pequeños y grandes detalles que dicen todo y hablan por sí solos.
Se trata de ser honesto frente a ti, el único y gran juez. De no cometer errores frente al código más grande que debemos cumplir, el código del honor. De administrar las emociones e ilusiones propias y ajenas con la mayor diligencia. Se trata de la verdad, y de no fallar ni fallarse, de superar el vértigo y la ansiedad y convertir a los vencedores en vencidos.
Por eso ahora noto el peso de conocer el por qué ¿Qué había de verdad en su ayer?
La verdad en un beso de un hasta luego que es en verdad un beso de adiós. Y no hay verdad en un beso así. Sino un infierno en el por qué. Una puerta abierta para cerrar una ventana.
“Si no es verdad, no des alas.
Si no vas a saltar, no prepares el salto.
Si no vas a soñar,
no robes más sueños”
Los dioses repartieron su dicha, alea iacta est.