Ojalá seguir conservando el chorro de agua entre las manos, pero el agua siempre se escapa, como los días, como la niebla, como el tiempo, como tú.
Ella decidió marcharse, y yo decidí ponerme a escribir, quizá porque la vida te cambia la lanza en astillero y la adarga antigua, por un lapicero y un folio en blanco. Esa es la única protección que encuentra el corazón en las guerras del alma.
Dueles demasiado, pensé que nos separaría la distancia, pero de momento nos a separado el silencio. No imaginaba que podría ser largo, o lento, o frío, no sabía que el silencio dolía porque siempre lo destrozaba tu voz. Y de momento no me lo creo. No me creo que no estés.
Con el paso del tiempo siempre crees que tienes más, pero en realidad tienes menos, porque el tiempo tiene la habilidad de robarte todo sin que des cuenta, hasta el punto de que te quita todo. Cuando te vi por primera vez jamás pensé que algún día no volvería a verte. Y piensas que ojalá siempre, pero los sueños son presas del tiempo, y el tiempo puede con todo.
Lo malo de las distancias es cuando son infinitas, y esa distancia arrastra el foco que todo lo alumbra, llega la noche, y las noches, en silencio, duelen más. Siempre hay un momento en la vida en el que te marchas, y hay que ser muy valiente para pensar que se es cobarde, así que no juzgaré.
Pensé que tenía los bolsillos llenos, pero la arena en los bolsillos es como el agua en las manos, se escapa, da igual cómo, el tiempo sabe cómo hacerlo, y el agua vuelve al río, la arena a los desiertos, como vuelven los sueños al olvido.
Estuve dispuesto para ser la calma de tu agotamiento, soñé ser tus alas, el capitán de tu refugio, deseé ser el sitio el que querías estar, quería ayudarte a soltar el lastre que arrastrabas, ser tu etapa infinita, quería verte y que me vieras, quería ser tu cambio, tu ambiente, quise ser la caricia que necesitabas, el oído para tus quejas, el abrazo a tiempo, el corazón abierto donde descansases tranquila. Nunca puedes dar todo cuando quieres dar tanto.
Continuará…
