Miramos a través del café de los Espejos, apoyando nuestras frentes sobre el cristal, le dije que aquella historia ya estaba escrita, pero lo que uno nunca sabe del todo es que es, en ese instante, donde la estás rescribiendo de nuevo.
Sentí intensamente el olor a ese Perfume Azul que destila su mirada y que desde ese primer instante no he conseguido sacarme de dentro, tampoco quiero.
Ahora tengo más de lo que tenía y eso ya es mucho más.
Capaz de abrir la puerta de mis secretos, de marcarme el pálpito del pensamiento, de hacerme crecer, es la guía en el espejo, la referencia de mis palabras, un pedazo del todo.
Un espejo solo tiene sentido cuando vas a reflejarte, como la letra de una poesía lo tiene cuando es leída por alguien que sabe leerla. Y yo quiero reflejarme. Y ella comenzó a leerme, y comencé a leerla.
Y despertó mi noche y comenzó en mis días, y desenfundó mis sentidos paralizando mis suspiros. Y curó mis labios como la risa cura el llanto, encontrando el pellizco del calor en las manos, y en el alma, sin tocarlas, y me cubrió de la lluvia y del frío con el que la soledad elegida en ocasiones te cubre.
Y es así como la belleza de las realidades supera a los sueños, su risa y sus silencios generosos, su valentía me hace valiente y atrapa con algo que quizá otras almas ignoran.
