"Yo nunca he necesitado un hombre para mi vida, he sabido estar sola sin necesidad de nadie " le dijo ella, mientras él pensaba no sé qué sucederá conmigo algún día...
La vida continua, quieras o no quieras, es la belleza de este gratuito e indescriptible regalo que sucede en cada segundo en todas las cosas, del que podemos ser dueños o no, desde la libertad que solo está en una conciencia que va alimentando la sabiduría, tras cada cosa que vivimos.
Y la vida continua con sus eternas leyes sobre las que siempre rige la más grande, la del amor. Nada hay más grande que el amor y es así como amando cada cosa se vive siempre en el todo.
En ocasiones uno prepara su carta de despedida mientras está comenzando, y la vida te va escribiendo cada frase en cada cosa, la vida aprende tan rápido como aprende el cerebro, porque es la mente quien alimenta la vida.
“Hemos ganado, aprendido y crecido”, pensó él, mientras sentía en la infinita distancia cómo el tiempo del reloj no es el mismo cuando el corazón late a otro ritmo y la respiración lucha contra el pecho para viajar hasta el interior. Ese es el verdadero dolor de un suspiro, esa lucha interna. Pero no puedes vivir en la reserva de combustible cuando sabes que el viaje es largo, quizá eterno.
La vida se vive viviendo esa emoción que se busca en el calor de una ducha, en el frío de la lluvia, en el abrazo de una canción que se agarra en el alma, en ese orgasmo que se vive tan intenso como infinito en cada cosa. Y no hay peor razón que el silencio.
En cada paso recorrido se vive, y se recorre como se recorre una cuidad, asido a una mano que emociona, aun así, todo final tiene un principio, de la misma forma que todo principio tiene un final, se necesitan, sólo existe el sentido del principio si existe un final.
“No puedo hacerte responsable para que sujetes mis demonios” pensó él mientras escribía de nuevo en ese folio en blanco que la vida te coloca enfrente para que le escupas desde dentro.
Y los fantasmas golpean y te dicen que no es suficiente, que queda otro peldaño, que lo subas, pero es ahí donde te dicen que no es suficiente, que queda otro peldaño, que lo subas, pero es ahí donde te dicen que no es suficiente, que queda otro peldaño, que lo subas, pero es ahí donde te dicen que…
Y te colocas frente a la inmensidad del folio en blanco sabiendo que una palabra no cambia el mundo, que una poesía no cambia el rumbo, sino que se convierte en el espejo al que acudir para mirar, al que llegar para sentir lo que podría sentirse en el peldaño de arriba.
El calor de las cosas que se presuponen no es el mismo que el de las que careces, y sientes ese frío que duele, esa distancia a la que no puede llevarte nada, y ves el color de las cosas cambiando, sin saber por qué, acompañado del crujido que resquebraja el alma tratando de agarrarte sin saber qué agarrar.
El tiempo actúa en el alma como lo hace con una toalla mojada, pasando los segundos y los días evapora la humedad hasta secarla y dejarla de vuelta a su estado. Así sucede con el rumbo del corazón, con la guía del alma, con la rosa de los vientos.
Y esto es otra de las cosas que haces para vivir, y fíjate hablo de vida, porque se trata de vivir, de levantar la dolorida rodilla del polvo del suelo y tratar de agarrar la luna que cada noche se viste para ti.
Echaré de menos todo el erotismo y la sensualidad de esa íntima conversación que nunca llegó, tan íntima y ardiente que hizo tantas veces explotar mi deseo únicamente soñando que llegaría mientras ella no tensionó la tensión. Pero, aunque todo llega, yo llegué, y no estabas tú. Se apagó la luz y temblé en la penumbra, y estrujaste el corazón al perdedor, aunque la banca nunca pierda, vine a darte el corazón entre vasijas, y no estabas tú. Vine a darte el alma rota, entre algodones y algunas rosas. Sin embargo, me estabas desnudando el alma cada noche, mientras yo soñaba que tú desnudarías tu cuerpo para mí. Sin embargo yo no era el dueño de tu tensión, esa tensión que antes fue de otro dueño.
Y es cierto que hoy la luna no se ve completa, pero tampoco vi jamás la cara oculta del placer de luna. ¿Y si allí estuviera el último peldaño al que llegar?
“¿Sabes un secreto?” Le preguntó él. No, respondió ella.
“En ocasiones me duele la rodilla, como a ti, la misma, el mismo dolor. Pero aprendí que se trata de vivir, de levantarla del polvo del suelo para agarrar la cara oculta en el orgasmo de la luna.”
“¿Sabes otro secreto? Cuando amo, te amo a través de la eterna ley del amor en todas sus formas, desde la vibración más pequeña de energía, y es así como estás en todas las cosas. Por eso amo cada cosa que hago “
Por eso dolió ese olvido tras cada mensaje, ese silencio, ese dolor ... por eso dolió el ayer. Y pensé: Si tú te vas yo me quedo. Y así es la forma en la que posa de nuevo el vuelo el pájaro herido, en ese lugar donde guarecerse esperando. Creando esa expectativa que quizá mañana se alcance en el próximo escalón al cielo. Sintiendo ese placer de creer que algún día la luna girará su cara, su cara oculta , moviendo su cabello y escupiendo desde el interior el suspiro y el gemido del mayor orgasmo de placer.