La verdad, desnuda. Y te deja frente a la belleza del abismo, sin los hábitos que te cubren cuando el frío de la verdad es tan fuerte, que despeina toda esa retahíla de ignominiosas ideas, cuidadosamente colocadas sobre la cubierta de nuestra cabeza. Muchas equivocadas, a veces crees que hay que pasar página, cuando lo que debes verdaderamente es romper el libro. Sucede que cualquier instante es perfecto para hacer un momento perfecto. Y volver a ver. A ser. Y llega el final del verano que nunca llegó. El recuerdo de quien se va sin despedirse, es la compañía que queda para siempre.
Quienes crecimos marcando los caminos a golpe de la verdad de la tinta, y escribimos los versos más bellos en la noche, y vimos caer la sangre que el pecho derrama cuando das la vida amando, sabemos que sólo existe el beso si está para siempre en la belleza de la eternidad, como el placer de sentirlo. Y nos cuenta creer los cuentos que no hemos escrito.
Hay amores que empiezan de mentira y acaban de verdad. Hay amores que empiezan con mentiras y acaban con la verdad. Pero no puedes sentir esas mentiras como tuyas, ni lo son ni te pertenecen. Sucede igual con el dolor de la deshonra y la traición, aún es mayor cuando al recordar, la ves de nuevo. Y te hace ver que sólo aquellos que parecemos valientes, tuvimos algún día que empezar a aprender a serlo. ¿Cómo vas a perdonar que hayan compartido el dibujo de tú mismo corazón favorito? ¡Para el perdón de traiciones así, no tiene días una vida entera!
Y algunas mentiras tienen ese olor a gato encerrado, y los perros viejos olemos pronto el percal. Jamás nadie pactó con Dios engañando al Diablo. Es así como el amor se desvanece, de la misma forma que el aroma impregnado de una fragancia en una bufanda.
Él creía que ella creería que él quería ir a ver El Rey León. Ella creía que yo me creería que él quería ir a ver el Rey León. Yo creía que ella no creería que yo me creería que él quería ir a ver El Rey León. El Rey León: No existe. Es mentira. Como era todo.
La vida te enseña, y sino aprendes, te enseña que eres un imbécil. El ruin disfruta de apropiarse de todo. El corazón de quien ama de verdad disfruta de la piedad por el ruin. ¡Y el puto Rey León, se quedó en un simple jodido gato encerrado! La vida te (enseña) muestra que: Dios los desprecia, y ellos se juntan. O intentan. Da igual a la luz de las velas de la cena y sus copas, o en el desayuno de un amanecer.
Sentí que su alma no estaba en el lugar, que su concepto de amar era erróneo.
Sentí que sus abrazos no llegaban dentro, que su cabeza vagaba lejos.
Sentí que justificaba una traición, su derrota y su emoción.
Y entonces dejé de sentir…
Y claro que delicadamente nos sentamos en ese lugar donde reservo el privilegio no a cualquiera, frente al espejo de la sala principal. Juntos. Pero la maldición del espejo es su capacidad de excelente observancia, para devolver reflejada a la perfección su mirada.
Traicioné a los dioses contestando esa llamada, sabiendo que me equivocaría. Esa noche me dieron el castigo de nuevo. Nunca falla. Me pusieron bella la luna, decidí ir a buscarla y alejarme de mi morada. Pero ella no llegó, cómo nunca llegaba cada noche. Siempre oculta.
Al principio ella era una verdad extraordinaria, al final ella fue una extraña de verdad. Y aprendí a escuchar mi conciencia cuando me recordó de nuevo: Ama de verdad todo lo que haces, de la misma forma ama a las personas por su verdad.
Es posible que ella no fuera consciente de su traición, incluso que no se sintiera responsable de ello, pero ni siquiera mantuvo su honor al ver cómo alguien abría una puerta de cuyo candado ella debería haber sido dueña. Lealtad, Respeto, Dignidad y Sinceridad son cuatro bellos hijos del amor.
Nunca el encomio llenó su boca. Jamás lo escuché. Jamás lo proyectan quienes no lo vivieron. Y quizá en el fondo es la forma oscura y sibilina de liberar la envidia, y una terrible incapacidad de amar verdaderamente. Así que, ninguno de los errores que se cometen se justifican en un truculento y dudoso cuento de título y contenido maniqueo. Ni los príncipes son tan príncipes, ni las marionetas son tan marionetas. Hay novelas demasiado cortas a las que les faltan demasiados capítulos. Y después de leerlas, aprecias que, nada nuevo bajo el sol. El inconveniente de contar un cuento a un escritor es que conoce todos los finales.
El amor verdadero, como los buenos cuentos, no se relatan con la inteligencia artificial. Se escriben con la verdad del corazón. Y es ahí donde se descubre la verdad de la mentira. Conociendo eso llega a la paz y el equilibrio en el camino. Y ojalá el suyo continúe. Pero lejos de todo esto, del camino escrito a golpe de la verdad de mi tinta