He aquí un viajero,no sólo de carretera, sino de emociones entre el alma y el corazón, en ocasiones poeta, otras rokero, guerrero, casi siempre pensador, y siempre amante de la naturaleza…
He aquí un viajero,no sólo de carretera, sino de emociones entre el alma y el corazón, en ocasiones poeta, otras rokero, guerrero, casi siempre pensador, y siempre amante de la naturaleza…

El Beso de La Mentira

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La noche estaba cerrada, de hecho, ya era medianoche, únicamente las luces de la carretera alumbraban el camino hasta el templo. Ella paró en seco su recorrido buscando una reflexión. ¿Te has dado cuenta de que vamos a entrar al templo a satisfacer nuestro deseo y antes jamás besé tu boca? Fue entonces cuando el abrió la suya con la lengua y comió sus labios descorchando las primeras burbujas de algo que aún estaba muy lejos, el placer. 

Fue así como rompimos las olas que dibujaba el arco iris, a través de las gotas de luz, que dividían los colores más bellos jamás reflejados en cada atardecer.  

Pisoteamos el verde jardín en flor sobre el que levitamos en la magia de la vida. Ocultamos la luz y su esplendor en esos días de otoño, de invierno, más tarde de verano y de primavera de vida.   Sonó la música y bailamos esa secuencia perfecta de notas armónicas que se encabalgan y danzan, a través de vibraciones, hasta el oído, antes de entrar en el alma.

En cada instante creímos creer en el amor, ese regalo que damos mientras nuestra inconciencia secuestra el ego y permite fluir a la inocencia. Sin embargo, el dolor llega. El dolor es ese estado que sobreviene cuando se apaga el brillo de la luz que siempre inunda la felicidad. 

A pesar de la belleza, esa perfección simétrica que refleja el rostro enamorado, el dolor llega cuando sientes en tus labios el primer beso de la mentira. Justo en ese instante.

He visto que soy el resto de cosas que quedan cuando dejo de pensarlo. 

La poesía es esa carretera en la que las curvas y el lienzo de los cielos, de nubes dibujadas, recorren los sentimientos más recónditos de la mente y te permite garabatearlos en lo infinito del folio en blanco.  

Yo quise parar el tiempo para conservar ese recuerdo perfecto que fue alguna vez. Pero en la perfección de ese silencio de armonía, volví a sentir el agudo pinchazo en el vientre del beso de la mentira, que es el que ella me dio, cada vez que te besa esa desconocida que la vida te coloca enfrente, esa alma descarriada que lucha por encandilarte y le resulta complejo, a la vez que lucha contra sus demonios, sus fantasmas y sus mentiras, y eso créeme es lo que realmente atenaza la mayor de las tranquilidades.

Y te sitúas enfrente del beso de la mentira en los labios de una desconocida a la que jamás llegas a conocer, como la vida, como el resto de las cosas.
¿Qué hay de verdad en un deseo sin deseo? ¿En un placer sin placer? ¿En una mirada que conoce a medias sus mentiras y sólo trata de moldearlas con sus palabras? ¿Qué hay detrás de una farsa postrada en el templo del placer? ¿Qué queda de cierto en unos sueños que no existen?

Mirarse al espejo de esa mirada es el abismo, es la nota de conciencia de ese precipicio, cuando sabes que nada de lo que sueñas es ahí, y has compartido el alma con alguien que no era, que se ocultó, que se escondió, que no se mostró, y su música emite notas inarmónicas, mientras su niebla no deja ver la luz.

Es entonces cuando todo deja de ser, y tú quieres besar el corazón, pero no hay corazón detrás, porque sólo es eterno si es de verdad, como el resto de las leyes de la naturaleza.

Yo quise parar el tiempo para vivir para siempre el instante, pero sólo hoy es el hoy. Y sabes que debes de cerrar la puerta cuando no es verdad. Porque sólo la vida es hoy. No creas que te aman porque unos labios pronuncien esas palabras, porque simplemente lo digan, solo existe si el beso está en la belleza de la eternidad. No dudarás que te aman únicamente cuando lo sientas. No dejes de mirarte en el espejo, ni siquiera un tiempo. Es ahí donde está escrito el pentagrama armónico de la conciencia que te eleva del abismo. Empieza a caminar el camino.

La belleza de la vida está en ese sendero, en ese en el que sólo dibujas la verdad. Yo siempre di la verdad, hasta encontrar la razón que escondía, hasta buscar el dolor de los fantasmas de su alma, hasta conocer el pasado de tormenta que mojaba sus ojos cada vez que lloraba, hasta escudriñar todas sus razones.

Pero no encontré signo de su pasado, como si hubiera despertado de la nada, como si no viniera de un camino, como si no tuviera nada. Una maleta vacía, como en ocasiones ese reflejo impasible de una estatua de mármol, o ese rostro impertérrito de una figura de museo. Jamás descubrí su verdad, y eso sucede cuando no hay verdad. Eso convierte todo en una pantomima inmanejable, como los títeres sin sus invisibles hilos de vida, como las hojas de otoño sin árboles alrededor. Una maleta con todas las figuras del circo en su interior, llena de inservibles bártulos, tan sólo para teatralizar, una vida sin vivirla, con esa pasión que cada cosa necesita para desprender la energía de la verdad.

Y la vida sin pasado es como una risa sin sentido, como un beso sin verdad es únicamente el beso de la mentira.

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